8/1/10

Bernardo de Claraval. Sabíais...

Feliz entrada de año!! y feliz solsticio de invierno!! .
Aquí va nuestro primer apunte del 2010 lleno de bendiciones:
¿Sabías que la apicultura, también, tiene sus protectores?
Sí-sí. El santo patrón del oficio de la apicultura es Bernardo de Claraval.



San Bernardo es el divino protector de apicultores, areneros y cereros; y su festividad la tiene el 20 de agosto.
Barnardo de Claraval fue el fundador de la orden cisterciense. Parece que su cometido lo inició en Francia, en el monasterio de Borgoña, pero su espíritu contemplativo pronto se expandirá por toda Europa, apareciendo nuevas fundaciones.
Su nombre de origen germánico, berin-hard, significa "oso fuerte"; y su sobrenombre es de doctor mellifluus, por su forma dulce y delicada de entender la doctrina de los monjes dentro de la nueva regla.
Para que lo podáis reconocer sin confusión dentro de la iconografía religiosa, se le suele encontrar con una vestimenta blanca (está muy aparentado con San Bruno) y cabeza rapada; se hace acompañar de un libro rojo de la regla, un báculo, y un demonio muy feo encadenado a sus pies como sometimiento a las pasiones alborotadas; también puede aparecer en sus representaciones, con un perrito o una colmena.
Sus palabritas rojas: "Substine et abstine"

Abrazos.

31/12/09

6/12/09

Trapecista mío.

Entrada ensimismada; poemita hondo de Pedro Salinas. Es la parte final del acto IV del "Inocente":

Tras de tanto buscarlo en lo profundo
me lo encontré en el cenit: mi inocente.
Cuerpo voltario, ingrávido
juglar, interminable juglaría
de su ser, por el aire, trapecista (...)

Ya di con mi inocente, no en la sombra.
A sus giros me vuelvo, como a guías
de afanes indecisos:
volatines que él traza por el aire
modelos pueden ser, que yo lo siga.
Y sus funambulismos, gracia pura,
invención sin misterio, allá en su cima
al llegar al nivel de las palabras,
se me vuelven a mí sabiduría.
con cada esguince de su leve cuerpo
alguna frase de su luz me dicta.
al escribirlas yo son ya penumbras,
luces mal traducidas.
La altura no se entiende. Inevitable
es, entre todas, esta lejanía,
vertical de lo bajo y de lo alto,
del sol y de la nieve que él inspira.
Así los dos, los fieles separados:
ni yo le llamo ni a subir me invita.
Dejarles allí, en su aire, no es el mío.
Nunca iniciar la burda tentativa
de volver a ser uno, de juntarnos.
Sueltos vivir, fatalmente perdidos,
sin, nunca más, perdernos ya de vista.
Sea nuestra unidad, tan alejados,
la obediencia a la ley que nos desliga.
Vislumbro salvación: es el respeto
al inocente mío, al trapecista;
guardar, guardar, acordes, la distancia
que al hombre le distingue de su sueño.
Al hombre, mientras viva.